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Una forma de trabajar el bullying en las aulas Isabel Menéndez Benavente, psicóloga. |
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La autora nos propone una reflexión sobre el bullying a través del libro Sin vuelta atrás y que atañe a todos los colectivos implicados, tanto agresores como agredidos, profesores, espectadores y la propia familia de los afectados. |
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Sin vuelta atrás no es una novela más, es un libro sobre la vida que muchas personas están soportando ahora mismo. Y precisamente por eso, resulta necesario que leer esta novela sea un trabajo en el que todos, sin excepción, nos involucremos. No puede ser una obligación más, una tarea escolar o algo que “hay que hacer”. No, debería servir como piedra de toque para reflexionar sobre un problema tan importante como el del bullying.
Y es que todos pensamos que cosas como ésta les pasan a otros, que no ocurren en nuestro centro educativo. Podemos pensar, incluso, que esto es una novela y que el autor ha exagerado mucho, pero... ¿estamos totalmente seguros? Tal vez a nuestro alrededor no haya agresiones brutales, ni palizas, u otro tipo de violencia física, pero ¿no hay violencia verbal? Las risas, los motes, las humillaciones, las mentiras, los falsos rumores a menudo dejan una huella mucho más dolorosa, profunda y duradera que un cardenal o un moratón. ¿Seríamos capaces de asegurar que a nuestro lado, en nuestra clase, ningún chico o chica está sufriendo maltrato de sus compañeros, ninguno está sintiéndose acosado y solo?
El 40% de los adultos que necesitan atención psicológica han sido acosados en su infancia. Es una cifra que debe hacernos pensar. Por eso, esta novela puede ser también un punto de partida para un trabajo mucho más importante: el de llegar a entender, y a asumir, los sentimientos propios y los ajenos. Que cada uno los reconozca en uno mismo, que sepa interpretarlos en los demás, que pueda controlarlos. Es necesario que todos hagamos nuestra una máxima muy sencilla: “no hacer o decir a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran o dijeran a nosotros”. Es decir, simplemente, que nos pongamos en el lugar de los otros.
Se trata, pues, de trabajar la “empatía”. Ser empático significa entender el sufrimiento de los acosados, identificarse con ellos y, por tanto comprender, su dolor. Ninguno de los acosadores de esta novela era empático, quizá porque nadie nunca lo había sido con ellos; por eso nadie entendió su rabia, su frustración, su incapacidad para sentir. Ese es el motivo por el que nadie pudo ayudarles y llegaron a estos extremos.
En esta novela, los agresores son adolescentes aparentemente “normales”. Sin embargo, algunos carecen de cierta capacidad intelectual, mientras que otros sufren, a su vez, la violencia (física o verbal) y el abandono (otra forma de maltrato) por parte de sus respectivas familias. Esto les ha vuelto tan violentos que necesitan descargar su ira de manera constante, sin sentir remordimientos, sin sentir nada. Sin embargo, no todos los agresores son así. A veces pueden parecer buenos chicos, o parece que, simplemente, pretenden llamar la atención.
Se puede realizar una ficha de cada uno de ellos respondiendo a cuestiones como:
¿Qué motivaciones tiene cada uno de ellos para ejercer la violencia?
¿Qué relación tienen entre ellos como amigos?
¿Qué diferencias hay entre ellos?
¿Cómo un niño “normal” se puede ir convirtiendo en un acosador?
(Para ver más cuestiones, consultar la propuesta completa en PDF.)
En esta novela hay dos acosados claros: Jacinto y Miguel Ángel. Reciben palizas, vejaciones… Es algo terrorífico y extremo, podríamos decir que la situación parece ya irreversible. Sin embargo, hay más maltratados, como Manuela, Osvaldo o Cecilia, y en cierto modo todos los que temen a los agresores, aunque estos sólo descarguen su rabia con los más débiles.
Al igual que se hizo con los agresores, pueden hacerse muchas preguntas sobre los agredidos:
¿Qué rasgos tienen en común?
¿Cómo podrían haber actuado ambos para evitar el desenlace?
¿Qué consecuencias puede tener para su vida futura el ser acosados?
¿Qué rasgos convierten a alguien en acosado? ¿Son diferencias físicas? ¿Intelectuales? ¿Formas de ser?
El ser diferente (no seguir la moda, tener diferente raza, distinta orientación sexual, distinto estatus económico, que no le guste el fútbol o jugar a la videoconsola, o que no beba alcohol), el no ser como “los demás”, convierte a alguien en friki y por tanto en diana del acoso. ¿Por qué?
(Para ver más cuestiones, consultar la propuesta completa en PDF.)
Incluso en la propia novela se repite un hecho terrible que ocurre en la vida real: entre los espectadores hay un terrible silencio. En la novela, los otros veintidós alumnos no existen, simplemente no aparecen en el libro. Ni apenas el resto de alumnos del colegio. Salvo los ocho alumnos protagonistas, los demás son, sencillamente, invisibles.
¿Es que nadie veía nada? ¿Nadie se acercó a alguna de las víctimas para ofrecer su ayuda? ¿Para preguntar? ¿Para defender? Cecilia es una de las espectadoras que expresa algo que todos, probablemente, hemos pensado alguna vez: “todos somos culpables”.
¿Qué se puede hacer en caso de ser espectador de de un acoso?
¿Qué podrían haber hecho esos compañeros que no aparecen en la novela?
(Para ver más cuestiones, consultar la propuesta completa en PDF.)
Los profesores no tienen la solución, pero si forman parte de la cadena. Quizás están sobrecargados de trabajo, quizá no sepan cómo manejar una situación tan difícil de controlar. Los profesores necesitan ayuda, y sobre todo información, cuanto mejor cuando provenga de los afectados directos.
A veces un profesor simplemente no actúa porque no conoce la situación de acoso. Es por ello que es muy importante insistir en la necesidad de que la víctima o los espectadores se lo hagan saber.
Como profesores, debemos conseguir que todos los implicados nos sientan como personas cercanas. El profesor mismo puede ofrecerse para ser receptor de las denuncias sobre este tema. Dejar un email, o un móvil para casos urgentes. Puede informarse sobre el caso de forma anónima si alguien no se atreve, pero, sobre todo, el profesor debe brindarse para hacer de mediador en cualquier conflicto.
La autora nos propone un interesante decálogo anti-bullyng que debe ser tenido en cuenta por todas las partes implicadas en el conflicto, desde los implicados directos, los acosadores y sus víctimas, como los implicados indirectamente, los “espectadores”, los profesores y, como no, las familias.
En este último caso, se nos recuerda que la familia es el entorno en el que realmente se debe comenzar la educación, donde los valores deben enseñarse no con palabras, sino con hechos. Por distintas circunstancias, ninguna de las familias que aparecen retratadas en la novela parece ser realmente una familia que apoye a sus hijos. Ninguno de ellos pudo hablar con sus padres. La comunicación era nula. Y la familia es básica para prevenir el acoso.
En última instancia, se recuerda que el colegio como tal debe ser también una fuente importante de información y acogida para los implicados. Se narra en la novela como en el tablón de anuncios de la escuela existe mucha información sobre drogas, sobre educación sexual y sobre el SIDA, pero no había nada sobre acoso. Desgraciadamente, sólo a raíz de la muerte de algunos jóvenes como consecuencia del bullying los colegios han comenzado a hacer un esfuerzo. Pero no es suficiente con alarmarse. Hay que actuar.
Puedes descargarte la propuesta (PDF 677 Kb).
Página del MEV sobre la convivencia en la escuela.
Seminario sobre la convivencia en los centros escolares.
Web del Instituto de la Juventud.
Acosomoral.com, con una completa información sobre el bullying. |
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